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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Más tribus truchas

No hace falta decir que el fenómeno de los farsantes que fantasean con pertenecer a tribus primitivas u originarias -y pretenden obtener beneficios del estado por ello- se da prácticamente en todos los continentes, con más razón el americano, en el que el Quinto Centenario de su descubrimiento y conquista puso el  debate sobre este tema y por supuesto, aprovechándose del desconocimiento general, muchos chantas quisieron sacar a relucir sus dotes histriónicas. Aquí traemos un artículo publicado por el diario brasileño online Digital Notícias sobre unos falsos indios desenmascarados en el estado de Pará:


          Revista denuncia falsos indios en Alter do Chão
          La revista “Veja” publicó en su edición del último fin de semana un extenso reportaje sobre el proceso de “fabricación” de falsos indios y quilombos1 en el Brasil, dando especial énfasis al estado de Pará.
          La revista, de circulación nacional, aborda la tentativa de fabricación de una etnia indígena en la localidad Nueva Olinda, en Santarém, región oeste de Pará.
          Terror – Según lo anunciado en diarios de la región, entre ellos O Impacto, esta área de la localidad Nova Olinda sirvió de palco para escenas de terror que involucraban falsos indios, instigados por un tal Odair José, con el apoyo de un fraile de nombre Florêncio Vaz.

El entusiasta fraile organizador de tribus truchas.

          En el área de Nova Olinda, recientemente un grupo de falsos indios, liderados por un falso cacique, Odair José, quien se hace pasar por indígena hasta el punto de pretender caminar desnudo por las calles de Alter do Chão, hizo prender fuego a una balsa con un cargamento de madera, venida de la zona de desarrollo sustentable manejada por empresas que poseen propiedades en el área.

La playa de Alter do Chão. Nada tontos los supuestos indios.
   
       Según el reporte de la revista, los boraris vivieron en Alter do Chão, la playa más cotizada de Pará. Con poco más de 200 personas, la etnia asimiló la cultura de los blancos de tal forma que desapareció en el siglo XVIII. Inexplicablemente los indios extintos resurgieron en la región el año 2005, por obra y gracia de Fray Florêncio, con pretensiones incluso de tener un cacique, Odair José, nacido y criado en la ciudad de Belém y mágicamente coronado “cacique borari”. “En 2005, Florêncio Vaz, fraile fundador del grupo ‘Consciência Indígena’, convenció a 47 familias caboclas2 para que se
autoproclamaran de ascendencia borari. Fray Florêncio también les sugirió qué trajes y coreografías indígenas podían usar”, publicó Veja.

Rosinaldo Maduro, otro autoproclamado "cacique borari" que de indio no debe tener ni el tocado que lo adorna, probablemente adquirido en una tienda de artículos de carnaval.

          El artículo destaca, también, que el autonombrado “cacique” Odair José, de 28 años, se quejó del hecho de que Veja lo había visitado sin previo aviso. “Para recibir a la prensa, la gente se prepara”, dijo. Su vecino Graciano Souza Filho afirma que “él (Odair) se pinta y fantasea con ser indio para engañar a los visitantes”. Basilio dos Santos, quien es tío del “cacique”, corrobora esa versión: “No hay ningún indio aquí. Incluso los bisabuelos del indio “pirata” Odair José en realidad nacieron en Belém.
          La nota de la revista de circulación nacional agrega que los falsos boraris exigen un área de 800 kilómetros cuadrados para apenas 47 familias; mucho más, por ejemplo, que lo que necesitará el futuro embalse de la hidroeléctrica de Belo Monte, que abarcará 500 kilómetros cuadrados y beneficiará a más de 20 millones de brasileños con energía que no contribuye al efecto invernadero. Si se les otorgara ese territorio en reserva a estos falsos indios, liderados por el igualmente falso cacique, podría causar la pérdida de trabajo de más de 800 personas que ya trabajan en la región.
Notas:
1) Poblados selváticos de afrobrasileños huidos de la esclavitud en la época colonial.
2) Campesinos mestizos; en Argentina diríamos “criollos".

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La verdad es que suena increíblemente parecido a los chantas de Guaytamarí y a la puesta en escena a la que fueron arrastrados algunos pobres lugareños del desierto lavallino por cierto sacerdote, con la diferencia de que en Mendoza las autoridades no solo han estado en general mal asesoradas sino que no han querido dejar pasar la oportunidad de hacer una escena de "llanto y restitución" tentadas por supuesto por el jugoso rédito político que han creído ver en ello. ¿Hasta dónde se va a llegar con esta farsa?

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