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viernes, 30 de septiembre de 2011

Los Indios Truchos

por Walter Colque

Es necesario alertar a gente solidaria con nuestra causa de los indeseables que existen en el ambiente indianista; como aquellos que dicen ser originarios y no lo son, se dicen militantes y salen a confundir a la gente.


Últimamente, a nuestra causa se ha sumado gente que vio en nuestro espacio la posibilidad del escenario, del aplauso, de la foto para los medios de comunicación, de la filmación, del reconocimiento público, que en otros lugares tenían vedado. No les cuesta ponerse una vincha o cualquier atuendo indígena y –como dice el dicho popular- ser “Más papistas que el Papa”.


 
Fotos de Paz Argentina Quiroga, auténtica delirante que se presenta a sí misma como "Guía espiritual de los huarpes" en San Juan



Su propósito se ve facilitado por el hecho de que los responsables de los medios masivos de comunicación poco o nada conocen del medio indianista, resultando a la larga, cómplices involuntarios de los aventureros.


Estos personajes son fáciles de reconocer:

Primero porque no representan a nadie.

En segundo lugar, siempre están desesperados por tomar un micrófono y hacerse los oradores. Si tienen barba tupida, es para desconfiar; el indio siempre ha sido lampiño, abundante cabellera negra y lacia y tiene sus propios rasgos fisonómicos. Algunos hermanos indios, tienen una barba más bien “rala” –poco tupida-, pero sus rasgos fisonómicos son originarios. Además los rasgos de los indios “truchos” no concuerdan con la etnia que pretenden representar. Por suerte, cada vez engañan a menos gente.


El sacerdote Benito Sellito, extranjero que se arroga la "representación" del pueblo huarpe (?) junto con dos personas que pretenden ser reconocidos como miembros de esa etnia extinguida hace más de 250 años (!)


Esta gente es la que perjudica el trabajo de militantes indianistas honestos, que siempre aclaran que son representantes del pueblo al que pertenecen, pero no representantes del mismo.


El “indio trucho” es capaz de decir que es “REPRESENTANTE” de cualquier pueblo, para satisfacer su enfermiza vanidad, y hasta cambia de etnia según le convenga, ya que como sus rasgos fisonómicos no lo caracterizan con ningún pueblo originario, puede adoptar el que quiera; el Wichi, el Kolla, el Mapuche –por poner algún ejemplo-, tienen sus bien definidos rasgos. Y aunque dentro del pueblo quechua existe una variedad de pueblos andinos –el Kolla es oriundo del Kollasuyu o sea de la zona del sur del Tawa Inti Suyu, que está compuesto por diferentes pueblos como los Diaguita, los Ocloyas, los Calchaquíes, los Tilcara, etc.-, siempre sus rasgos serán diferentes a los de las personas de origen occidental.


Además, como ya dije antes el mejor “indiómetro” es el racismo, a los muchachos de piel trigueña del noroeste argentino como los hermanos bolivianos, peruanos, ecuatorianos que se encuentran en Argentina, especialmente desde Tucumán hacia el sur, y con mayor insistencia en Buenos Aires, etc. A todos nos dicen genéricamente “bolitas” “indios” etc. Mientras nosotros somos tratados de esta manera, el “indio trucho” es muy difícil que sufra ese tipo de racismo.


La mentalidad de la sociedad blanca de nuestro país, cuando ven a un personaje de estos ataviados con ropas indias dicen: “se disfrazó de indio”.


Con esta aclaración no es que esté haciendo racismo al revés. Una cosa es que el descendiente de inmigrantes diga “soy indianista, me siento indio porque nací en América y me identificó con sus hijos naturales y con sus justas reivindicaciones”.


En una palabra ser indio por conciencia es lo mejor que nos podría pasar a los americanos para que hablemos de una integración.


Otra cosa es que un rubio de barba y ojos claros, o cualquier persona de inconfundibles rasgos occidentales diga: “soy kolla”; “soy mapuche”; “soy toba” por poner algunos ejemplos, porque es ir contra la realidad, sería lo mismo que un kolla viaje a Europa y que sintiéndose identificado con ese continente diga “soy vikingo”.


También entre nuestra gente hay quienes quieren evadirse de la realidad, producto de la transculturación. Tienen vergüenza de ser indios y se ofenden cuando le dicen; KOLLA, MAPUCHE, GUARANI y hasta las mujeres que se tiñen el cabello porque quieren ser rubias.


Cambiar la mentalidad de nuestros hermanos y la mentalidad racista de muchos hijos de inmigrantes es una tarea de indios y de no indios que estamos informados y conscientes de esta situación.

 (Del trabajo: "El Indianismo en la actualidad en la Argentina y el resto de América" Bs. As., 1995, mimeo del Centro de Cultura Quechua-Aymara)



domingo, 25 de septiembre de 2011

Algunos viven del negocio de ser indios

Algunos viven del negocio de ser indios

Desde hace un tiempo aparecieron, sobre todo en las grandes ciudades, personas, grupos y fundaciones que se consideran representantes de nuestras comunidades indígenas, por lo que cumplen tareas de intermediarios con nuestros hermanos. Al respecto me pregunto: ¿Porqué hay intermediarios para ayudar a nuestros hermanos indígenas? En muchos casos, esos que se autodenominan representantes resultan ser los que reciben subsidios de organismos internacionales y/o nacionales en nombre del indígena .
 
Hasta hace un tiempo existía interés por presentar proyectos solicitando subsidios para trabajar con chicos de la calle o barrios carenciados, pero en los últimos tiempos nació el interés por trabajar con el tema indígena. Hermanos blancos (no indígenas) como así también hermanos indígenas (con pensamiento occidental) descubrieron el negocio de ser indio. La llamada "viveza criolla" es transparente: hasta se organizaron grupos de no indígenas (blancos) con descendencia extranjera (en su mayoría europea) que se presentaron como descendientes de comunidades indígenas. En Mendoza un grupo de blancos que se integraron con el nombre de Comunidad Huarpe Guaytamari se dedican a explotar subsidios y obtuvieron tierras para explotar siempre en nombre del Indígena Huarpe.
 
A la derecha, Francisco Candito y Claudia Herrera, impostores y responsables del fraude de "Guaytamarí"
 
 
Los no indígenas (blancos)se organizan con facilidad, a diferencia de nuestros propios hermanos. Las autoridades estatales se equivocan cuando le otorgan beneficios a esas personas o grupos, desconociendo la real situación de los pueblos indios. Existen hermanos indígenas que se organizaron y aún les cuesta conseguir la Personería Jurídica para trabajar, y esto seguramente se debe a la ignorancia por desconocer las estrategias administrativas, que bien claro tienen los hermanos blancos. En tal sentido cabe advertir que nuestras comunidades indígenas deben ser oídas directamente sin intermediarios de ninguna clase.
 
Por las vivencias de cerca que tengo con mis hermanos indígenas me animaría a interpretar que estos grupos o personas bien organizadas en presentar proyectos tienen como objetivo explícito ayudar al indígena, pero en lo implícito ese fin no se cumple. ¿Alguien se preguntó a dónde van a parar los subsidios solicitados?, porque generalmente a las comunidades indígenas no llega.
 
Actualmente muchos indígenas y no indígenas eligieron vender artesanías hechas por nuestros aborígenes que viven en sus propias comunidades bajo condiciones de pobreza. Y me molesta cuando escucho a estos comerciantes atribuirse el derecho de ser ellos los autores de las obras de arte que venden sin resaltar al verdadero protagonista.
 
Amílcar Torres, periodista, profesor e investigador de las culturas originarias, publicó una crítica en el diario "La Opinión" de Rafaela, Santa Fe, en octubre de 1992, durante el ciclo cultural "500 años de reflexión" en el que se desarrolló un recital didáctico de canto indoamericano a cargo de una cantante indígena de origen chiriwano que originó el artículo periodístico: "Fernanda Ortega Villa, con su simpatía, con la expresividad de sus canciones, las sencillas explicaciones de la música y su don de comunicación con el público hizo mucho más por la cultura aborigen que tanto indigenismo panfletario de promoción masiva".


jueves, 15 de septiembre de 2011

Rodolfo Casamiquela

Rodolfo Casamiquela (Ing. Jacobacci, 1932 - Cipolletti, 2008). Paleontólogo, biólogo y antropólogo merecedor del premio Konex 2006, publicó 24 libros y alrededor de 400 artículos científicos. Gran conocedor -de primera mano- de la lengua y costumbres de los nativos de la Patagonia, fue un inclaudicable
defensor de la verdad histórica de los mismos frente a la aparición de nuevos grupos y corrientes pseudohistóricas interesadas en reinventar el pasado de la región y adjudicar derechos de preexistencia a tribus invasoras que no merecen ningún reconocimiento especial. Injustamente censurado los últimos años de su vida, no será olvidado por quienes buscamos la aplicación de la verdadera investigación científica tanto en el campo de las ciencias exactas como de las humanísticas. Esperamos que se haga justicia por la memoria de este importante investigador.