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viernes, 30 de diciembre de 2011

El antecesor de Marcelino Azaguate, Claudia Herrera, Francisco Candito y el Padre Sellito

Hace unos años apareció en Mendoza un curioso personaje, bonaerense él, que afirmaba llamarse Wayra Intiwatana -extraña combinación de palabras quechuas, o sea peruanas- y que se proclamaba "cacique huarpe" por ser sus abuelos mendocinos. El diario Los Andes le dedicó ingenuamente en julio y agosto de 1990 al menos un par de notas en las que tuvo la oportunidad de expresar toda clase de desatinos y afirmaciones por demás extrañas, lo que motivó la acertada respuesta de expertos -tanto en estudios como en trabajo de campo- de la Universidad Nacional de Cuyo, que reproducimos a continuación:

LA ANTROPOLOGÍA ANTE UN “CACIQUE HUARPE”
   En dos oportunidades Diario Los Andes dedicó espacio a entrevistas con una persona que se presenta como cacique huarpe y utiliza el nombre Huayra Intiwatana (2/7 y 26/8/90).
   Tal aseveración y nombre corre por supuesto por su cuenta, responsabilidad y credibilidad pública, al igual que sus objetivos que, en general, apreciamos como voluntaristas, y se insertan en lo posible para el conocimiento, consideración e inserción real de las comunidades indígenas en la nacional.

Por otra parte, a estar con los dichos periodísticos, se asesora por la bibliografia antropológica y está relacionado al menos con un reconocido investigador científico de esta rama, en la Universidad Nacional de La Plata.

Asimismo, relata su acción de difusión de la cultura huarpe en el medio educacional mendocino, lo cual, como objetivo, es una buena iniciativa.

No obstante, este último hecho y el del desconocimiento evidente de los avances de esa misma bibliografía sobre el tema huarpe, nos llevan a señalar las contradicciones e inexactitudes que surgen de esos artículos. Varias de las aseveraciones son insostenibles o no condicen con lo que sabemos hoy de la cultura de los huarpes y de estos mismos, como también de sus antepasados prehistóricos regionales.

Sólo llamarse Huayra Intiwatana y afirmar que es su ‘nombre huarpe’ (26/8), siendo palabras del quichua, refleja un desconocimiento de la lengua huarpe o, en todo caso, que los orígenes que defiende el Sr. Huayra Intihuatana son de huarpes aculturados por la dominación incaica, o el de  los propios incas, que extendieron su imperio hasta nuestra región sujetando bajo su férula al pueblo huarpe.

Tampoco la arqueología y las posibilidades ambientales pueden avalar sus dichos sobre las ‘casas de piedra’ ‘similares a las incaicas’ ‘agrupadas uniformemente en ciudades’ y menos si remite su instalación al área lagunera del NE mendocino (Guanacache, etc.) (2/7).

Del mismo modo es más que aventurado afirmar que en el 1200 los indígenas regionales ‘presentaban una civilización equivalente a los  incas del Machu Pichu’. Menos adjudicar a los huarpes riego por ‘aspersión’ (?) (12/7 y 28/8).

También, hay un lapsus evidente cuando asegura que ‘en un primer momento fuimos sedentarios, pero después nos convertimos lentamente a la agricultura (2/7). No sabemos que los huarpes cultivaran batata y tomate (2/7); siempre será bueno conocer la fuente de este aserto y las condiciones bajo las que se cultivarían, especialmente la primera.

Tampoco, nadie aceptaría seriamente, según los términos que emplea, los ‘elementos concretos’, herencia de su padre, recibidos como símbolos de su ascendencia huarpe (28/8).

La ‘punta de flecha’ de la ilustración del periódico no es del ‘Paleolítico Superior’ (26/8) y mal pudo serlo cuando de esa etapa prehistórica americana sabemos que sus puntas de proyectil son de otro tipo y que no existía el arco. Y aquí no se trata de una disgresión de ‘especialistas’, la terminología ‘Paleolítico’ la utiliza él.

Existe, asimismo, su mención del ‘Sol’ como símbolo de divinidad máxima huarpe, lo que nuevamente y en todo caso, es una imposición bajo la dominación incaica. Las fuentes señalan más bien a ‘Hunuc Huar’ como deidad central de los huarpes, habitantes de la cordillera.

Tampoco se caza la llama (26/8), es un animal doméstico. Asimismo, es idílico hablar de que los huarpes no cometían ‘ese hecho de sangre’ (26/8) al cazar, recordando seguramente una anécdota de los cronistas europeos sobre el seguimiento de las presas por los indígenas.

Rescatamos cualquier acción razonable y fundada en pro de la defensa del patrimonio cultural local, regional y nacional, máxime si se trata de los indígenas huarpes y de sus supervivientes y supervivencias. No aceptamos en cambio (y nos parece indeseable que alguien lo haga) las enunciaciones y más aún las posiciones de tipo ‘mesiánico’ cuando éstas a más de la fe que requieren, pretenden apoyarse, aunque sea de paso, en posiciones científicas que, en todo caso, son pseudocientíficas.

Si el recurso, la metodología que se emplea, en pos del fin de la recuperación del patrimonio biológico y cultural indígena, huarpe en este caso, es ‘mítico’ y ‘místico’ puede aceptarse siempre que se tenga el valor, claridad en la concepción y expresión sobre ello, y se lo divulgue bajo ese signo.

Si, por el contrario, se pretende mezclar planos y apoyar los dichos en el progreso científico de la antropología, en los avances, según una metodología y técnica rigurosa, de los investigadores en esa disciplina, deberá ceñirse el discurso a estos conocimientos y no fantasear sobre ellos. Otra cosa, habida cuenta que en las dos entrevistas de “Los Andes” se mencionan conferencias a educandos provinciales, significa confundir y atentar contra el mismo patrimonio común que se intenta defender.

Esta asociación queda abierta, a través de su comisión directiva y, seguramente, de todos sus miembros, al intercambio serio y a la búsqueda en conjunto de los fundamentos del pasado y desarrollo aborigen, incluidas las fases de las diferentes dominaciones regionales hasta arribar a la comunidad actual, donde nos reconozcamos partícipes plenos de la misma y no consideremos deseable constituirnos, bajo ningún signo, en una ‘minoría étnica’ como propone el nieto de doña Aurora y don Hilario Sanchez.


COMISIÓN DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN CUYANA DE ANTROPOLOGÍA
Prof. J. Roberto Bárcena
(presidente)
Dr. Juan Schobinger
(vicepresidente)
Lic. M. P. de Mulle
(secretaria)

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          La réplica que transcribimos fue publicada por el mismo matutino en septiembre de 1990; no entendemos por qué en adelante este mismo medio así como las autoridades nacionales y provinciales no han tenido en cuenta criterios tan sencillos y por eso mismo tan valiosos para evaluar la legitimidad de los reclamos hechos en nombre de los huarpes, pueblo desaparecido hace tiempo a través de su integración en la sociedad cuyana y chilena.

          Hay que destacar que el tal Wayra Intiwatana -cuyo verdadero nombre es Carlos Bustos- al poco tiempo retornó a Ensenada, en su provincia natal, donde hasta el día de hoy mantiene un "museo", continuando con su personaje de "cacique" y a la vez proclamándose autoridad en OVNIS y en todo lo "paranormal".

          De Bárcena y Schobinger (fallecido en 2009) es difícil no expresar palabras de reconocimiento y admiración por su excelente tarea en las áreas arqueológicas que tanto bien han hecho para el conocimiento de las sociedades pre y post hispánicas de nuestra provincia, tanto en la zona altoandina (Tambillos y momia del Aconcagua) como en el desierto lavallino.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Más tribus truchas

No hace falta decir que el fenómeno de los farsantes que fantasean con pertenecer a tribus primitivas u originarias -y pretenden obtener beneficios del estado por ello- se da prácticamente en todos los continentes, con más razón el americano, en el que el Quinto Centenario de su descubrimiento y conquista puso el  debate sobre este tema y por supuesto, aprovechándose del desconocimiento general, muchos chantas quisieron sacar a relucir sus dotes histriónicas. Aquí traemos un artículo publicado por el diario brasileño online Digital Notícias sobre unos falsos indios desenmascarados en el estado de Pará:


          Revista denuncia falsos indios en Alter do Chão
          La revista “Veja” publicó en su edición del último fin de semana un extenso reportaje sobre el proceso de “fabricación” de falsos indios y quilombos1 en el Brasil, dando especial énfasis al estado de Pará.
          La revista, de circulación nacional, aborda la tentativa de fabricación de una etnia indígena en la localidad Nueva Olinda, en Santarém, región oeste de Pará.
          Terror – Según lo anunciado en diarios de la región, entre ellos O Impacto, esta área de la localidad Nova Olinda sirvió de palco para escenas de terror que involucraban falsos indios, instigados por un tal Odair José, con el apoyo de un fraile de nombre Florêncio Vaz.

El entusiasta fraile organizador de tribus truchas.

          En el área de Nova Olinda, recientemente un grupo de falsos indios, liderados por un falso cacique, Odair José, quien se hace pasar por indígena hasta el punto de pretender caminar desnudo por las calles de Alter do Chão, hizo prender fuego a una balsa con un cargamento de madera, venida de la zona de desarrollo sustentable manejada por empresas que poseen propiedades en el área.

La playa de Alter do Chão. Nada tontos los supuestos indios.
   
       Según el reporte de la revista, los boraris vivieron en Alter do Chão, la playa más cotizada de Pará. Con poco más de 200 personas, la etnia asimiló la cultura de los blancos de tal forma que desapareció en el siglo XVIII. Inexplicablemente los indios extintos resurgieron en la región el año 2005, por obra y gracia de Fray Florêncio, con pretensiones incluso de tener un cacique, Odair José, nacido y criado en la ciudad de Belém y mágicamente coronado “cacique borari”. “En 2005, Florêncio Vaz, fraile fundador del grupo ‘Consciência Indígena’, convenció a 47 familias caboclas2 para que se
autoproclamaran de ascendencia borari. Fray Florêncio también les sugirió qué trajes y coreografías indígenas podían usar”, publicó Veja.

Rosinaldo Maduro, otro autoproclamado "cacique borari" que de indio no debe tener ni el tocado que lo adorna, probablemente adquirido en una tienda de artículos de carnaval.

          El artículo destaca, también, que el autonombrado “cacique” Odair José, de 28 años, se quejó del hecho de que Veja lo había visitado sin previo aviso. “Para recibir a la prensa, la gente se prepara”, dijo. Su vecino Graciano Souza Filho afirma que “él (Odair) se pinta y fantasea con ser indio para engañar a los visitantes”. Basilio dos Santos, quien es tío del “cacique”, corrobora esa versión: “No hay ningún indio aquí. Incluso los bisabuelos del indio “pirata” Odair José en realidad nacieron en Belém.
          La nota de la revista de circulación nacional agrega que los falsos boraris exigen un área de 800 kilómetros cuadrados para apenas 47 familias; mucho más, por ejemplo, que lo que necesitará el futuro embalse de la hidroeléctrica de Belo Monte, que abarcará 500 kilómetros cuadrados y beneficiará a más de 20 millones de brasileños con energía que no contribuye al efecto invernadero. Si se les otorgara ese territorio en reserva a estos falsos indios, liderados por el igualmente falso cacique, podría causar la pérdida de trabajo de más de 800 personas que ya trabajan en la región.
Notas:
1) Poblados selváticos de afrobrasileños huidos de la esclavitud en la época colonial.
2) Campesinos mestizos; en Argentina diríamos “criollos".

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La verdad es que suena increíblemente parecido a los chantas de Guaytamarí y a la puesta en escena a la que fueron arrastrados algunos pobres lugareños del desierto lavallino por cierto sacerdote, con la diferencia de que en Mendoza las autoridades no solo han estado en general mal asesoradas sino que no han querido dejar pasar la oportunidad de hacer una escena de "llanto y restitución" tentadas por supuesto por el jugoso rédito político que han creído ver en ello. ¿Hasta dónde se va a llegar con esta farsa?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Los Indios Truchos

por Walter Colque

Es necesario alertar a gente solidaria con nuestra causa de los indeseables que existen en el ambiente indianista; como aquellos que dicen ser originarios y no lo son, se dicen militantes y salen a confundir a la gente.


Últimamente, a nuestra causa se ha sumado gente que vio en nuestro espacio la posibilidad del escenario, del aplauso, de la foto para los medios de comunicación, de la filmación, del reconocimiento público, que en otros lugares tenían vedado. No les cuesta ponerse una vincha o cualquier atuendo indígena y –como dice el dicho popular- ser “Más papistas que el Papa”.


 
Fotos de Paz Argentina Quiroga, auténtica delirante que se presenta a sí misma como "Guía espiritual de los huarpes" en San Juan



Su propósito se ve facilitado por el hecho de que los responsables de los medios masivos de comunicación poco o nada conocen del medio indianista, resultando a la larga, cómplices involuntarios de los aventureros.


Estos personajes son fáciles de reconocer:

Primero porque no representan a nadie.

En segundo lugar, siempre están desesperados por tomar un micrófono y hacerse los oradores. Si tienen barba tupida, es para desconfiar; el indio siempre ha sido lampiño, abundante cabellera negra y lacia y tiene sus propios rasgos fisonómicos. Algunos hermanos indios, tienen una barba más bien “rala” –poco tupida-, pero sus rasgos fisonómicos son originarios. Además los rasgos de los indios “truchos” no concuerdan con la etnia que pretenden representar. Por suerte, cada vez engañan a menos gente.


El sacerdote Benito Sellito, extranjero que se arroga la "representación" del pueblo huarpe (?) junto con dos personas que pretenden ser reconocidos como miembros de esa etnia extinguida hace más de 250 años (!)


Esta gente es la que perjudica el trabajo de militantes indianistas honestos, que siempre aclaran que son representantes del pueblo al que pertenecen, pero no representantes del mismo.


El “indio trucho” es capaz de decir que es “REPRESENTANTE” de cualquier pueblo, para satisfacer su enfermiza vanidad, y hasta cambia de etnia según le convenga, ya que como sus rasgos fisonómicos no lo caracterizan con ningún pueblo originario, puede adoptar el que quiera; el Wichi, el Kolla, el Mapuche –por poner algún ejemplo-, tienen sus bien definidos rasgos. Y aunque dentro del pueblo quechua existe una variedad de pueblos andinos –el Kolla es oriundo del Kollasuyu o sea de la zona del sur del Tawa Inti Suyu, que está compuesto por diferentes pueblos como los Diaguita, los Ocloyas, los Calchaquíes, los Tilcara, etc.-, siempre sus rasgos serán diferentes a los de las personas de origen occidental.


Además, como ya dije antes el mejor “indiómetro” es el racismo, a los muchachos de piel trigueña del noroeste argentino como los hermanos bolivianos, peruanos, ecuatorianos que se encuentran en Argentina, especialmente desde Tucumán hacia el sur, y con mayor insistencia en Buenos Aires, etc. A todos nos dicen genéricamente “bolitas” “indios” etc. Mientras nosotros somos tratados de esta manera, el “indio trucho” es muy difícil que sufra ese tipo de racismo.


La mentalidad de la sociedad blanca de nuestro país, cuando ven a un personaje de estos ataviados con ropas indias dicen: “se disfrazó de indio”.


Con esta aclaración no es que esté haciendo racismo al revés. Una cosa es que el descendiente de inmigrantes diga “soy indianista, me siento indio porque nací en América y me identificó con sus hijos naturales y con sus justas reivindicaciones”.


En una palabra ser indio por conciencia es lo mejor que nos podría pasar a los americanos para que hablemos de una integración.


Otra cosa es que un rubio de barba y ojos claros, o cualquier persona de inconfundibles rasgos occidentales diga: “soy kolla”; “soy mapuche”; “soy toba” por poner algunos ejemplos, porque es ir contra la realidad, sería lo mismo que un kolla viaje a Europa y que sintiéndose identificado con ese continente diga “soy vikingo”.


También entre nuestra gente hay quienes quieren evadirse de la realidad, producto de la transculturación. Tienen vergüenza de ser indios y se ofenden cuando le dicen; KOLLA, MAPUCHE, GUARANI y hasta las mujeres que se tiñen el cabello porque quieren ser rubias.


Cambiar la mentalidad de nuestros hermanos y la mentalidad racista de muchos hijos de inmigrantes es una tarea de indios y de no indios que estamos informados y conscientes de esta situación.

 (Del trabajo: "El Indianismo en la actualidad en la Argentina y el resto de América" Bs. As., 1995, mimeo del Centro de Cultura Quechua-Aymara)



domingo, 25 de septiembre de 2011

Algunos viven del negocio de ser indios

Algunos viven del negocio de ser indios

Desde hace un tiempo aparecieron, sobre todo en las grandes ciudades, personas, grupos y fundaciones que se consideran representantes de nuestras comunidades indígenas, por lo que cumplen tareas de intermediarios con nuestros hermanos. Al respecto me pregunto: ¿Porqué hay intermediarios para ayudar a nuestros hermanos indígenas? En muchos casos, esos que se autodenominan representantes resultan ser los que reciben subsidios de organismos internacionales y/o nacionales en nombre del indígena .
 
Hasta hace un tiempo existía interés por presentar proyectos solicitando subsidios para trabajar con chicos de la calle o barrios carenciados, pero en los últimos tiempos nació el interés por trabajar con el tema indígena. Hermanos blancos (no indígenas) como así también hermanos indígenas (con pensamiento occidental) descubrieron el negocio de ser indio. La llamada "viveza criolla" es transparente: hasta se organizaron grupos de no indígenas (blancos) con descendencia extranjera (en su mayoría europea) que se presentaron como descendientes de comunidades indígenas. En Mendoza un grupo de blancos que se integraron con el nombre de Comunidad Huarpe Guaytamari se dedican a explotar subsidios y obtuvieron tierras para explotar siempre en nombre del Indígena Huarpe.
 
A la derecha, Francisco Candito y Claudia Herrera, impostores y responsables del fraude de "Guaytamarí"
 
 
Los no indígenas (blancos)se organizan con facilidad, a diferencia de nuestros propios hermanos. Las autoridades estatales se equivocan cuando le otorgan beneficios a esas personas o grupos, desconociendo la real situación de los pueblos indios. Existen hermanos indígenas que se organizaron y aún les cuesta conseguir la Personería Jurídica para trabajar, y esto seguramente se debe a la ignorancia por desconocer las estrategias administrativas, que bien claro tienen los hermanos blancos. En tal sentido cabe advertir que nuestras comunidades indígenas deben ser oídas directamente sin intermediarios de ninguna clase.
 
Por las vivencias de cerca que tengo con mis hermanos indígenas me animaría a interpretar que estos grupos o personas bien organizadas en presentar proyectos tienen como objetivo explícito ayudar al indígena, pero en lo implícito ese fin no se cumple. ¿Alguien se preguntó a dónde van a parar los subsidios solicitados?, porque generalmente a las comunidades indígenas no llega.
 
Actualmente muchos indígenas y no indígenas eligieron vender artesanías hechas por nuestros aborígenes que viven en sus propias comunidades bajo condiciones de pobreza. Y me molesta cuando escucho a estos comerciantes atribuirse el derecho de ser ellos los autores de las obras de arte que venden sin resaltar al verdadero protagonista.
 
Amílcar Torres, periodista, profesor e investigador de las culturas originarias, publicó una crítica en el diario "La Opinión" de Rafaela, Santa Fe, en octubre de 1992, durante el ciclo cultural "500 años de reflexión" en el que se desarrolló un recital didáctico de canto indoamericano a cargo de una cantante indígena de origen chiriwano que originó el artículo periodístico: "Fernanda Ortega Villa, con su simpatía, con la expresividad de sus canciones, las sencillas explicaciones de la música y su don de comunicación con el público hizo mucho más por la cultura aborigen que tanto indigenismo panfletario de promoción masiva".


jueves, 15 de septiembre de 2011

Rodolfo Casamiquela

Rodolfo Casamiquela (Ing. Jacobacci, 1932 - Cipolletti, 2008). Paleontólogo, biólogo y antropólogo merecedor del premio Konex 2006, publicó 24 libros y alrededor de 400 artículos científicos. Gran conocedor -de primera mano- de la lengua y costumbres de los nativos de la Patagonia, fue un inclaudicable
defensor de la verdad histórica de los mismos frente a la aparición de nuevos grupos y corrientes pseudohistóricas interesadas en reinventar el pasado de la región y adjudicar derechos de preexistencia a tribus invasoras que no merecen ningún reconocimiento especial. Injustamente censurado los últimos años de su vida, no será olvidado por quienes buscamos la aplicación de la verdadera investigación científica tanto en el campo de las ciencias exactas como de las humanísticas. Esperamos que se haga justicia por la memoria de este importante investigador.